La Gringa lo dio todo en su cumpleaños número treinta. Arrancó desde lo alto, en una grúa que la depositó sobre el escenario y terminó sentada entre su público, que aguantó casi tres horas de show bajo la lluvia

Llegó desde la luna. Pocos artistas celebran 30 años ininterrumpidos sobre un escenario. Los que tienen la suerte de transitar una carrera constante y pareja, festejan sobre cantando o con algún que otro sobresalto. Ella prefirió llegar desde la luna, y aterrizar sobre su público, el que la acompañó durante estas tres décadas y la bancó sin negociar, sin resignarse ante tormentas y contratiempos.
Pero ella no se quedó solo observando. Preparó una fiesta circular, donde cada rincón de Cosquín fue parte de esa celebración. Una caravana de festejos con ella misma como anfitriona: Peña en la plaza San Martín, recordando ese momento en que fue reconocida por la gente -cuando todavía no podía subir al escenario mayor por ser menor de edad-, caravana en autobomba por las calles, y una presentación en la plaza Próspero Molina digna de un cumpleaños. Como hace 10 años, cuando celebró las dos décadas de música, y también hubo fiesta en la plaza.
Pero esta vez hubo un ingrediente que hizo mucho más impactante el festejo: la lluvia, que no dio tregua durante las casi tres horas de show y que cayó sobre el público que se quedó hasta el último minuto, y siguió, más tarde en las calles de Cosquín acompañando la caravana. Ella sabe de esa fidelidad y también salió desde la comodidad del fondo del escenario a empaparse de agua y cariño.

Musicalmente, con una banda impecable, interpretando un abanico de canciones emblemáticas de su carrera, el show tuvo tres partes: el arranque con nuevas canciones y el presente; en el medio los invitados: Teresa Parodi, Pedro Capó, los Hermanos Lucero, Cazzu, La Delio Valdéz, Nahuel Pennisi y Natalia, la hermana, que a pesar de tener su lugar como solista en el círculo del folklore, acompaña todavía esa “cosa de clan Pastorutti” que emociona. Una puesta en escena a lo Casa Sole impactante, definió esos bloques con videos que recordaban hitos de su vida, y un final con la banda de sonido de ese huracán que representa la artista: “A don Ata”, “Entre A Mi Pago Sin golpear”, “Tren del Cielo” y más con revoleo de poncho incluído.
Quedaba un final para la foto: un “Brindis” para la emoción, la cercanía con la gente, el contacto con esas manitos de un bebé y esa mirada de satisfacción, de saber que el paso del tiempo solo fue un ingrediente más para macerar a esta Soledad Pastorutti artista, humana, mamá, mujer cantora que solo quienes entienden el significado del “ser popular” pueden celebrar.
Octava Luna de cantores y danzantes
La penúltima luna de Cosquín también dejó mucho talento sobre el escenario y varios cordobeses: tres solistas con propuestas distintas, cuyo impacto proviene de sus talentos personales: la histórica y siempre bienvenida Suna Rocha y dos regresos necesarios: Juan Iñaki y Pablo Lozano. De la docta y de Tucumán, historia viva del folklore: Los 4 de Cordoba y Por Siempre Tucu y otro compromiso con el escenario “hay que respetarlo, honrando los pioneros del festival, porque esta plaza es la del reencuentro de los que amamos a esta patria querida, y este escenario no se mancha”, dijo Víctor Hugo Godoy. Coco Martos agregó: “venimos con mucho respeto hacia ustedes, que nos están devolviendo esto, por eso hay que respetar la plaza”, cerrando con el clásico “Zamba de amor y mar”.
La danza estuvo presente con la ganadora del premio revelación 2025, la malambista Yamila Aguado y la pareja riojana de baile tradicional ganadora del Pre Cosquín 2026, compuesta por Fabiana González y Darío Flores. Ambos cuadros impactaron, con gran respuesta del público
Quedaba una intensa intervención del decidor surero Adrián Maggi, que remontó una presentación que arrancó con el inicio de la lluvia y la impaciencia del público de Soledad, pero terminó con el aplauso de la platea













