Pedro Canoero y el poder de las canciones en el incosciente colectivo

Por Sonia Cabral

El Lago Ypacaraí volvió a constituirse como escenario natural para la creación de canciones eternas. Inmortalizado como “lago azul” en la letra de la guarania de Demetrio Ortiz y Zulema Mirkin: Recuerdos de Ypacaraí, allá por 1949, en la década de los ochenta nos regaló a Pedro, personaje paraguayo rescatado de su oficio de canoero por la magia de otra canción.

Pedro Canoero, escrito por la cantautora argentina Teresa Parodi en 1983, cobró tal popularidad que se fue convirtiendo poco a poco en un himno de la región.

Lo asombroso es el poder que una canción puede ejercer sobre el inconsciente colectivo, instalándose como referencia absoluta para establecer eternamente el concepto de “lago azul” o el de “canoero que mecía el agua lejos de la costa cuando se dormía”. Un artista logra que eso suceda a través de impregnar estas imágenes con palabras habitadas de poesía. Determina así el reflejo de una realidad. Y también gracias a la música, eje de la transmisión y del viaje de esa canción.

Incluido en el disco “El purajhei (canto) de Teresa Parodi”, Pedro canoero, según cuenta ella misma, nace allí, en la hermana república del Paraguay, luego de su presentación en el Festival del Lago Ypacaraí. Mientras paseaba por el Lago en canoa, junto a otros colegas, Teresa le preguntó al canoero su nombre, él le dijo Pedro y un apellido que después no recordó, pues el oficio pasó a ser fundamento de su verdadera identidad. Observó además que: “la canoa era el centro del mundo para él, estaba como orgulloso. Cuando íbamos a subir hizo como una reverencia, vi que en el lugar donde estaban los remos tenía un calentador, un mate, una radio y una mantita. Entonces pensé, la canoa es su casa”, cuenta Teresa en una entrevista que le realizara la artista Silvia Lallana para su programa: “Lo que se nos canta” que revela historias detrás de una canción. Quedó tan impactada con la personalidad del canoero que bastó un viaje en avión de regreso a Buenos Aires para que la compositora de tantos éxitos escriba de un tirón la letra y la música del tema que sería el más emblemático de su carrera.

San Bernardino es el lugar, a orillas del Lago, donde el paseo realizado en canoa fue convertido en experiencia fundante para la canción. Y a su vez la canción generó esta necesidad de inmortalizar al personaje de Pedro en una obra de arte íntegra, repleta de sentido. No se homenajea sólo al personaje, sino a toda una cultura alrededor del oficio de canoero. Con el agua va la canoa, con la canoa el canoero y con él su labor, y toda una identidad sostenida en el tiempo. Por eso una gran escultura se está por inaugurar en ese punto del Lago, totalmente forjada en hierro y realizada por los escultores paraguayos José Quevedo Allende y Hugo Escobar, sobre un proyecto impulsado por la gobernación de Cordillera y declarado de interés turístico y cultural. El Pedro canoero tiene su homenaje y asegurado su valor simbólico por el relato que le da origen, y será de gran atractivo turístico para la zona.

La letra de la canción inspiradora realiza un análisis tan profundo sobre Pedro: …todo tu tiempo se ha ido, lo dejaste en la canoa y lentamente se lo fue llevando el río…te mecía el agua lejos de la costa cuando te dormías, corazón de arcilla, sobre la canoa se te fue la vida, Pedro…que esa primera materialización del personaje ya la hizo la poderosa síntesis poética de la cantautora argentina, pero ahora estamos frente a una canción que se ve.

Desde diferentes distancias se podrá ver al Pedro canoero viviente, en los atardeceres rojos, calmos y calurosos, como extraído de las aguas de su propio Lago.

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