En una noche, un resumen de la edición 66° de Cosquín, que ya se despidió y ya es historia: pasado, presente y futuro arriba del escenario y en la escucha atenta de las nuevas generaciones.
“Yo no soy folklorista, soy Milo J.” aclaraba, ante la insistente pregunta del periodista sobre la rivalidad con los tradicionalistas del género, un rato antes de hacer explotar de música y amor a la Próspero Molina. Ahora, sentado detrás de un escritorio en la sala de conferencias del Festival de Cosquín, respondía con tranquilidad las preguntas de la prensa. “Que los tradicionalistas se la agarren con Radamel. Él sí, en unos años va a dar que hablar”.

Cuando el último Aquí Cosquín en boca de Claudio Juárez anunciaba el comienzo y el final de la edición 66, la plaza ya era un hervidero de jovencitos y niños, que se iban ubicando con sus familias y grupos de amigos en donde podían: butacas, pasillos, gradas y alguna que otra terraza cercana. Nadie vio esto último, hasta que Milo se detuvo un momento hacia su izquierda, observó y saludó durante unos minutos a los chicos que estaban en el techo del edificio lindero a la Próspero Molina. ¿Qué habrá pasado por los pensamientos del artista de 19 años nacido en Morón que hoy es referente musical de una generación?. Acaso su primera vez en el festival sea una manera de afianzar ese diálogo entre su público y sus canciones, porque Cosquín implica mucho más que un show. Lo que pasa en la Plaza queda grabado en la historia de la cultura argentina. Ese momento fue el comienzo del final de una luna cargada de emociones, que pareció resumir todo lo que sucedió a lo largo de nueve noches.

La novena luna comenzó con Peteco Carabajal soltando su costado de creador eterno y anfitrión de nuevas generaciones como Malena Garnica (hija de Néstor) fiel heredera del ritmo que le imprime al violín su padre y su partener, hubo invitadas (Mariana Carrizo, Paola Bernal, Eli Fernández) y Homero, sumando a Riendas Libres creación y talento;

Teresa Parodi y la certeza de que “no sabíamos que necesitábamos tanto a la correntina y sus canciones, y sus palabras, y esa humanidad detrás de su figura que estremece y emociona; Maggie Cullen y la avidez para llevarse en el bolsillo a una platea difícil aunque curiosa, y -un dato: se le apagó el micrófono y siguió cantando a capella la tonada “Cuando el corazón se quiere quedar”. El público acompañó cada estrofa cantando. Gauchos of the Pampa entregaron su versión eléctrica de los Hermanos Ávalos y Campedrinos atentos a su premio consagratorio, levantando los últimos aplausos de la platea, que ya estaba inquieta por el número esperado.
Cuti y Roberto, oficiaron de preludio de lo que pasaría después. Como padrinos de Milo, los chicos y chicas presentes conocen el repertorio y cantaron cada estrofa. Desde el escenario, el aporte del bagaje histórico y un poco de cátedra de cómo empezar una chacarera, fueron el juego previo al partido del mundial que vendría en un rato

Y llegó, pantalón negro, remera y un saco con un cuchillo clavado en la espalda. Mocasines de charol y medias blancas. Tonos marrones, para una puesta en escena austera y una banda potente, que viajó del trap, al hip hop, y al folklore en segundos. Una niña de no más de 10 años lloraba desconsolada y se reía al mismo tiempo, como muchos pibes que estaban en la plaza. Consultada por el “vestuario de su ídolo”, dijo: “es por el título del disco, La vida era más corta, ¿entendés?. A unos metros, otros pre adolescentes cantaron abrazados algunas canciones y escucharon otras. Una mamá con un chiquito en andas, trataba de llegar cerca del escenario con un cartel que decía: “Milo sos mi ídolo”. “Milo te amo”, “Milo te queremos”, “Camilo, sos lo más”, “Sos mi amor”, “Milo, los sueños están para cumplirse”
En la era de los celulares, cada paso del artista fue retratado milimétricamente. Los tiempos que corren nos permiten dejar todo registrado. Y al mismo tiempo disfrutar viendo desde detrás de las pantallas. No es nada malo para las nuevas generaciones, la emoción se multiplica en la pantalla y a simple vista.

Milo J. abrió el juego alrededor de las dos de la mañana, con la invitación a la Murga Agarrate Catalina, que acompañarían durante las más de dos horas de show. Sonaron “Gil”, “Ama de mi sol”, y llegó la Sole, primera invitada, para cantar “Lucía”; Radamel (A pura Ushuta y la chacarera que compuso y lleva su nombre), Campedrinos (La Taleñita) y Cuti y Roberto, en “Invisible”. También estuvo Mercedes Sosa desde el recuerdo en “El Jangadero” y Silvio Rodríguez en la voz en off para “Luciérnagas”
«Hoy me voy al sol, porque Dios me llamó desde el downtown, debo despertar, porque no se acalora mi alma» cantó, a modo de casi despedida. Faltaba el protocolo del festival, el poncho coscoíno, el bis y el aplauso infinito que retumbó en el valle, como prueba de que siempre hay mucho más para mostrar, siempre hay algo nuevo que escuchar y siempre habrá nuevas generaciones que lo celebren. Esto es Cosquín. Solo hay que sentarse a ver, aprender y disfrutar el momento. Los sueños están para cumplirse
Textos Pao De Senzi | Fotos Paul Amiune

Los Premios
Camin a la Trayectoria: Cuti Carabajal
Consagración: Campedrinos
Revelación en música: Wara Calpanchay (Solista vocal)
Revelación en danza: Fabiana González – Darío Flores (Pareja de baile tradicional)
Destacado Espectáculos Callejeros: Juan Manuel Bilat
Primera mención Espectáculos Callejeros: Guadalupe Aguilar
Segunda mención Espectáculos Callejeros: Achalay
Premios Adquisición Feria de Artesanías
Emerlinda Painequeo (Trelew, Chubut)
Obra: Matra de uso, diseño de las tejedoras del pueblo Mapuche
Tomas Aiello (San Fernando, Buenos Aires)
Obra: Chifle de calabaza, tallado y pintado con terminación en alpaca



















