El trío formado por Natalia Martínez, Victoria Zotalis y Cecilia Zabala se presentó en el espacio cultural porteño el viernes pasado junto al dúo Sol y Canto como invitados. Bossa, jazz, tango y canciones sin atriles ni pie de micrófonos. La voz en movimiento

Por Sonia Cabral

Cuando se trabaja con la voz humana a veces referimos al método tal o el método cual. Esta vez pasó al olvido ese plan para demostrarnos que talento, calidad y ensayo es la fórmula que no falla. El resultado es diversión.

La noche del viernes 6 de febrero en Hasta Trilce se vivió un momento de comunión entre platea y escenario. Cecilia Zabala de eso sabe, porque lo viene practicando ya desde su disco de canciones Sagrado Rito y se está transformando en sello propio, eso de armar atmósferas de sonido y voz que generan sensaciones mágicas en toda la sala. La siguen en ese desafío Natalia Martínez con su base en la música popular, el tango, lo folklórico, con profundas interpretaciones y Victoria Zotalis, que aporta destrezas del universo jazzístico, el piano, un color de voz cercano a la negritud, el uso del scat y la libertad expresiva. Tres experimentadas artistas, cantantes, pero sobre todo tres amigas, se propusieron armar un Ciclo: Escucho voces, en donde justamente le proponen al público escuchar voces. Y lo logran.  Con un sintético acompañamiento musical deslizan armonías increíbles con naturalidad y soltura. Al trío lo llamaron MaZaZo, por Martínez, Zabala, Zotalis y paradójicamente lo que devuelven es una caricia al oído y un hermoso estímulo emocional. El repertorio incluyó bossa, jazz, tango y canciones. No incluyó atriles ni pie de micrófonos.

El Trío convocó en esta primera fecha al dúo Sol y Canto, recién llegados de EEUU, Rosi y Brian Amador, quienes desplegaron su carisma y sus canciones, algunas propias en español y otras en espanglish. Imposible no cantar con ellos.  La cantante Katie Viqueira, el cantautor Santiago Alonso, Juan Nevani en piano y Bernardo Monk en el saxo fueron invitados de lujo de Rosi y Brian. Y de obsequio la noche la cerraron con una práctica de Circle Singing, donde todos, incluidos músicos, amigos y toda la platea unieron sus voces en improvisaciones.

Este tipo de encuentros, donde los artistas ofrecen la posibilidad de compartir juego escénico, sonidos, rítmica y la voz como instrumento emotivo, constituyen un bálsamo liberador para estos tiempos de tanto individualismo. El Ciclo sigue en abril con otros invitados seguramente. Mientras queda en el aire la invitación a la creación de un sonido colectivo identitario.

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